Respirar es vivir, y hacerlo de una manera correcta es garantizarse mayor calidad de vida. En los deportes aeróbicos, como el running, es crucial aprender a respirar correctamente, coordinando los pulsos de toma y salida de aire con nuestras zancadas.
A veces el sistema respiratorio no rinde como nosotros quisiéramos y es necesario hacer una revisión estructural y funcional de sus músculos, huesos y cartílagos. La técnica, como en otros aspectos del deporte, es crucial a la hora de respirar.
Respirar es la actividad fisiológica más natural del mundo. No dejamos de llenar nuestros pulmones con aire (más o menos limpio, según los casos) desde que nacemos hasta que morimos. Y, si es así, ¿por qué nos cuesta tanto respirar bien cuando corremos?
Cuando corres, tu respiración se ve forzada. Es algo normal. Tu cuerpo funciona gracias al oxígeno que inhalas, de igual forma que un vehículo funciona con gasolina. Al empezar el entrenamiento (al arrancar ese motor que es tu organismo) tus músculos necesitan más oxígeno. El cuerpo traduce esta necesidad en una mayor exigencia de aire, por lo que los músculos trabajan duramente para absorber todo el oxígeno posible. Y por eso jadeamos como perros.
La mayoría de los corredores mantienen un ritmo inconsciente de 2/2; es decir, tardan 2 zancadas en inhalar y otras 2 en exhalar. En los trotes más tranquilos, la proporción es de 3/3. Sin embargo, a medida que se apresuramos el paso, la relación cambia a 2/1, incluso a 1/1.
Este proceso es inconsciente y responde a un patrón fisiológico, que es distinto en cada organismo: forzar la respiración no nos convertirá en mejores corredores.
Lo mismo ocurre con el conducto de respiración: ¿Nariz o boca? La mayoría de los runners utilizan ambos, de hecho, si pudieran, utilizarían las orejas para poder tomar más oxígeno.
Escucha tu respiración
Ni un solo ruido. Bueno sí, tus zancadas y tu respiración.